A veces entramos en conflicto entre lo que “deberíamos ser”, lo que somos y lo que queremos ser. Lo hacemos tanto que no parece ni que lo hagamos y seguro que estás pensando “¡bah! A mí eso no me pasa”, pero, te propongo que te hagas la siguiente pregunta: ¿Eres quien quieres ser?
Piénsalo en cada decisión que vayas a tomar eliminando cualquier presión u opinión que provenga de alguien más que tú. No es una pregunta para hoy, debes hacértela siempre, incluso cuando no dudas de tus pasos. Hoy te animo a que hables contigo, que ya se ha demostrado que no es de locos.
¿Eres quien quieres ser?

Seguramente no vas a poder responderte ahora porque todo es un proceso y eso es lo mágico. El proceso es el que te ayudará a definirte a base de cuestionarte amablemente absolutamente todo: ¿esto realmente es lo que quiero hacer?, ¿lo que me están ofreciendo me motiva?, ¿estoy de acuerdo con lo que acabo de hacer?…
- Aprende a decir NO: A veces caemos en el “bueno, cedo y ya está”, pero es un error porque cuando no dices “no” a la primera, cada vez cuesta más no ceder. Normalmente lo hacemos porque es mi familia, es mi pareja, son mis amigos… pero no importa, también ayudas a los demás a conocerte cuando les enseñas lo que no quieres hacer, decir, pensar… y ellos no se van a ir por eso. Y si lo hacen, ya haré otra entrada sobre decir adiós 😀
También es importante aprender a defender nuestra postura, opinar, debatir y discutir las cosas de una forma constructiva. Tenemos que revisar nuestras habilidades sociales y trabajarlas; así conseguimos respetarnos y valorarnos positivamente.
Decir “no” a tiempo no será fácil si sientes culpabilidad al no hacer lo que te piden (aunque sea algo que tienes claro que no quieres hacer), responsabilidad y sobreimplicación (en cosas que no dependen de ti) y le das un valor excesivo al qué dirán. Por ahí podemos empezar a analizar qué es exactamente lo que nos limita al intentar negarnos a alguna cosa que no nos apetece.
- Aprende a decir SÍ: El sí abre las puertas indicadas, tienes que decirlo siempre alto y claro.
¿Por qué no iba a decir que “sí” a algo que quiero? Porque a mi familia no le gustaría, mis amigos no lo entenderían, no encaja con la vida que llevo hasta ahora… Pero, ese “sí” frustrado te está consumiendo por dentro y estás poniendo en un valor superior lo que los demás esperan de ti a lo que tu interior te está pidiendo.
¡Cuidado! Porque nacemos con una identidad propia, no compartida y, en el juego que es la vida, tu misión es desarrollar la tuya y descubrir tus máximos… no puedes cederle algo así a los demás, es tu gran poder.
Cuánto miedo nos da defraudar a los de alrededor y quedarnos solos… cuántas cosas perdemos por no coger trenes que nos acercan a quienes sí te abrirán las puertas de tus síes. Yo siempre pienso que es mejor poco y de calidad, con las personas más.
- Utiliza el aburrimiento: El aburrimiento es la cuna de la creatividad. Bueno, si nos ponemos negativos es una mierda, vale, pero ¿cuántas veces has intentado que se te ocurra cualquier cosa y hasta que no has estado realmente aburrida y con la mente en blanco no han surgido buenas ideas?
Mi propuesta es que te aburras de vez en cuando y lo aproveches para ese momento a solas donde descubrir qué es realmente lo que te está aburriendo y cómo modificarlo, eliminarlo o aceptarlo.
- Juega a fracasar: ¡Sí! Ya nos han enseñado mucho sobre cómo ganar, cómo celebrar, cómo impresionar… Eso nos convierte en conformistas, vamos lanzados a donde tenemos posibilidades de ganar, de ganar lo que sea, aunque ni lo quieras. ¿Siempre coincide dónde puedes salir ganando con lo que quieres ser? Yo solo tengo una vida, pero en base a ella digo categóricamente que NO.
Fracasar es útil, es necesario y es positivo. Es el motor de las potencialidades, es perder 1 hoy para ganar 1000 después. En la vida no hay atajos, solo hay personas que se rinden y personas que no lo hacen.
Pero es que, además, somos tan geniales, que a veces fracasamos solo en nuestra mente. En ocasiones, nunca ha existido el fracaso que nos atribuimos para no llegar a lo que queremos ser, pero nos adelantamos e interpretamos señales y hacemos una valoración y con eso nos vale. Eso se llama miedo y el miedo paraliza, es ese muro invisible que nadie ve, pero ahí está.
- Reta las opiniones de los demás: No se trata de molestar a los demás, de hacerles saltar o de contrariarles. Se trata de que tú estás definiendo tu camino y a través de él aparecerán opiniones, las que pides y las que no. Sé una persona inteligente, cógelas todas y nútrete de ellas. Acepta, aprovecha, descarta, tómala parcialmente… siéntete igual de libre con ellas que quien las emite.
Es decir, ¿prefieres recibir decepciones, dolor y rechazo de opiniones de personas que están viendo lo que eres o lo que ellos quieren que seas? Nadie te va a librar de las decepciones, ni siquiera de tus seres queridos. Lo mejor es que al menos no tengas la sensación de que encima lo hacías por ellos.
Y a lo desconocido, a la voz general, los tópicos, los estereotipos, los murmullos… Rétalo, si es que no hay nada mejor que cerrar el círculo de tu mundo. De verdad que te sientes mucho mejor cuando ya no cargas con lo que nunca fue tuyo, aunque lo hayas tenido cerca o viviendo contigo.
- No retuerzas tu identidad: Eres quién eres y lo que eres y estoy convencida de que tienes millones de cosas por explotar y por experimentar. La única forma de que te conozcan es mostrándote con honestidad al mundo, quien te quiere te va a seguir y quien no, pues dolerá, pero mejor hoy.
Nuestra identidad no es con lo que la sociedad nos etiqueta, eso es para los simplistas, nosotros somos más valientes y complejos. Tienes cosas únicas y simplemente son necesarias al exterior, en tu interior no están haciendo nada.
- Aficiónate a cambiar: Olvídate del “yo soy así” como premisa para reproducir comportamientos, pensamientos y emociones rancias, tóxicas y estancadas. Todo el mundo tiene una esencia, bien, ahí no puedes hacer nada, pero en toda tu complejidad es un espacio ridículo. Tú tienes una esencia y tienes que aumentarla, trabajarla, modificarla, perfeccionarla y casi todo lo que termine en “arla”.
Decir “yo soy así” cuando te estás equivocando repetidamente solo demuestra que no tienes capacidad de aprendizaje. Tranquilo y tranquila, que sí la tienes, pero no lo uséis de excusa.
¿Te puedes levantar un día y decidir cambiar tu vida? Sí, de hecho, debes. Si todo gira y todo se transforma, ¿Qué vas a ser el único o la única parada viendo todo en movimiento? Únete a la fiesta. Con una única condición: Cambia hacia lo que hoy te acerca más a cómo te defines tú. Y el miedo que te da cambiar es la señal de que tienes que hacerlo ya.
¿Qué es la identidad social?

Tu identidad social es cómo te percibes a ti mismo dentro del tejido social en el que vives, tu autoconcepto. Cambiaría si hubieras nacido en otro lugar, en otra época o si tus experiencias fueran otras, pero no es algo totalmente rígido.
Para llegar a tener un concepto tuyo tienes que aceptar unos principios éticos básicos que definen la sociedad que conoces. Por tanto, lo habitual es que coincidas con muchas personas en algunas cosas formando grupos sociales y, comparándonos constantemente, llegamos a poder rechazar otros grupos sociales con los que no nos identificamos. Este es el proceso en el que te personalizas. No somos más que piezas jugando a encontrar su sitio.
Por eso habrás oído siempre eso de “el ser humano es social por naturaleza”, porque, aunque quieras separarte de la sociedad que conoces, formarás parte de ese grupo social que rechaza los grupos sociales mayoritarios o populares. No puedes huir de la gente que va a compartir tus motivaciones, sean las que sean.
Sin embargo, eres único/a porque el complejo e infinito código de grupos sociales y ramificaciones parciales que aceptas y rechazas es irrepetible. Te permite definir tus características personales.
¿Por qué ser auténtico/a?

Realmente no hay otra forma de vivir acorde a lo que te nace ser, la autenticidad y la honestidad es tu camino.
Es como cuando a un cantante le dicen, “técnicamente has cantado perfecto, pero es que no he sentido nada”, ese día y siempre va a ganar el que ha desafinado un poco, pero le has visto hasta el alma en cada frase. No hay cosa más perfecta que lo imperfecto cuando es auténtico.
Además, es muy difícil que las personas se impliquen en la vida de alguien que no muestra cómo piensa y cómo siente. Esto no nos interesa, necesitamos a nuestros semejantes para darnos valor y fuerza mutua.

