el poder social de los tabúes

¿Cuántas cosas hacemos a escondidas o no llegamos a hacerlas por ser prohibidas? El poder social de los tabúes es tan grande que no hace falta recogerlos en leyes, con nuestra moral es suficiente. Es imposible poner una fecha de origen a los tabúes, pero la complejidad que adquieren aumenta con las sociedades actuales.

¿Qué pasa si hablo de algo considerado mal visto? ¿Cuántas cosas escondemos manteniendo un acuerdo social invisible? ¿Qué pasa si tu circunstancia vital actual corresponde a un hecho considerado tabú? ¿Puedes romperlo? ¿En qué lugar te dejaría eso?

¿Qué es un tabú?

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Según la RAE es una ‘Prohibición de tocar, mencionar o hacer algo por motivos religiosos, supersticiosos o sociales’, pero a mí me flipa más que, desde que el mundo es mundo, van cambiando para adaptarse a los tiempos. Rectifico, no “van cambiando”, somos nosotros modificando prohibiciones y siguiendo una especie de tradición ancestral. No deberíamos olvidar nunca que lo que no se ve sí existe y en ello entran millones de personas, que existen y son afectads e invisibles.

El poder social de los tabúes es tan fuerte y arraigado que rara vez los cuestionamos, los cumplimos incluso cuando pensándolo en frío no estamos ni de acuerdo. Hay tabúes que simplemente se convierten en supersticiones como abrir un paraguas dentro de casa o derramar la sal. Sin embargo, otros tabúes conforman el tejido grueso de los prejuicios sociales como es la diversidad sexual, familiar o la salud mental. También utilizamos los tabúes para evitar el miedo a lo desconocido, por ejemplo, la muerte o envejecer.

En definitiva, los tabúes tienen su papel en nuestra identidad social y definen nuestra conducta habitualmente huyendo de lo considerado inmoral, vergonzante, anormal o peligroso. O, por el contrario, estigmatizándote como vergonzante, inmoral, anormal o peligroso para la sociedad. Pero, no olvidemos que las normas las ponemos nosotros. Entonces, ¿debemos revisar lo que estamos aislando y rechazando? SÍ.

Ejemplos de tabúes actuales

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Todos podemos reconocer el proceso lento pero constante para tumbar un tabú y sacar algún tema a la luz, precisamente por tomar conciencia no solo de que no sea dañino, sino de sus beneficios para cualquier esfera. Es el caso de temas tan conocidos actualmente como la masturbación, la muerte digna o ser víctima de un delito sexual. Temas muy diferentes con consecuencias comunes: la culpabilización, la estigmatización y el repudio. Pero también tienen en común la creciente sensibilización (todavía claramente insuficiente) sacándolo del cajón de lo desconocido.

No es el caso de otras situaciones:

  • Salud mental – Depresión – Suicidio: El desconocimiento nos crea una sensación de “brujería” y parece que si lo nombramos lo estamos invocando. Como si se nos fuera a pegar, como si supiéramos, pero escondiéramos, que nadie es inmune desde que todos sabemos que tenemos una mente. El simple hecho de ir a un médico que no está especializado en enfermedades físicas es un tema invisible, aún intentamos huir del psicólogo o del psiquiatra como si hubiera algo oscuro en ello. La mente se usa y, en total concordancia, se desgasta, se atrofia, se agobia, se estanca y también es susceptible de mejora y cura.

Si por escoger algo invisible hablamos de depresión y seguimos la lógica de que es una enfermedad que se vive hacia adentro, que no tienes por qué vérselo a alguien en ningún gesto u acto (o sí) y le pedimos silenciosamente que no explique lo que le está ocurriendo. ¿Cómo busca una solución? Nuestro error, como sociedad, es pensar que el problema lo tiene el de enfrente, pero ¿qué papel jugamos tú y yo en el mantenimiento de su situación?

No pongo cifras o porcentajes sobre este tema porque creo que del total de personas que necesitan atención detectamos muy poquito. Necesitamos tener sensibilidad sin ver imágenes catastróficas ni números que puedas comparar con lo que cabría en una ciudad o un estadio de fútbol. Pero sí puedes seguir la historia de Carlos Pérez sobre el reciente suicidio de su madre, el tema tabú por excelencia, solo léele y escúchale. Y no, hablar de suicidio no provoca que la gente tome esa opción, hace que la gente se sienta menos excluida y más cerca de pedir ayuda.

  • Delitos intrafamiliares: Es curioso que, aunque los modelos de familia cambian y se adaptan rápidamente a los nuevos tiempos, seguimos considerando la sangre como algo sagrado. Hasta el punto de tapar verdaderos delitos de odio, de sangre, económicos y de toda índole porque cómo vas a ir en contra de tu propia familia. La familia es sagrada porque te retroalimenta, te apoya, te enseña… pero si la familia te niega, te humilla, te abandona en el sentido más amplio, no tienes que seguir ahí, tienes que buscar soluciones.

Hay personas, muchas personas, que crecen con un sentimiento de culpa terrible porque no consideran positiva a su familia y son juzgados por la sociedad, tanto en voz alta como en silencio. Y me vuelvo a preguntar, ¿qué papel juego yo y tú en el mantenimiento de su situación?

¿No será que a veces tememos ver en el espejo de los demás lo que tanto nos asusta y dolería asumir?

  • Pareja – Infidelidad – violencia: Otro tabú sigue siendo lo que ocurre dentro de una pareja y no me refiero al código interno que cada uno establece en sus relaciones. ¿Por qué nos escandaliza una infidelidad, pero decimos “son cosas de pareja” cuando se gritan y se descalifican? En mi opinión, porque tapamos lo que más miedo nos produce, aquello en lo que no queremos estar implicados y menos denunciar porque nos “saca a la luz pública”, resultamos entonces susceptibles de opiniones ajenas. Como vamos viendo si los tabúes tienen un poder en la sociedad es el de dejarlo todo como está, el miedo a mejorar. Aunque supongamos algo mejor no deja de ser desconocido y eso es oscuro.

Hay muchísimos tabúes y seguro que se te ocurre alguno que debería estar en esta lista, lo importante realmente es identificarlo y simplemente analizar ¿a quién afecta? ¿le estoy haciendo daño con mi posición? ¿es justo el trato o habría que modificarlo?

Quizá mi respuesta y la tuya a esas preguntas no produzca un cambio inmediato, pero hacerse preguntas es ese primer paso que nos saca de donde estamos, como sociedad. A veces es difícil ver como nuestra acción individual tiene efecto en lo más amplio de la sociedad, pero formar parte de ella conlleva responsabilidades y esta es una de las gordas.

Me resulta curioso, como anécdota, esa etapa en la que los niños se enganchan a preguntar a todo por qué y los adultos a veces terminamos diciéndoles “porque sí”, “porque te lo digo yo”, “deja ya de preguntar y hazlo”. Y así es como dejamos de preguntar. Recupera tu etapa preguntona que es bastante reveladora.

La estrategia del eufemismo

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Pero somos inteligentes y como en realidad es poco probable no hablar o no hacer aquello que consideramos prohibido, lo que hacemos es inventar una forma de suavizarlo. También lo hacemos a través del arte, el humor o el cine que se convierten en vías de escape a lo que no nos permitimos abiertamente.

Decimos “descansar” o “pasar a mejor vida” en lugar de morir; “estaba contento” en lugar de borracho; “reducción de personal” en lugar de despido.

Los eufemismos nos permiten vivir menos presionados por el peso de las palabras, pero con relativa facilidad se convierten en un instrumento de manipulación social.

¿Cuál es el poder social de los tabúes?

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Lo que denominamos “tabú” no son situaciones de minorías. Las minorías no son grupos pequeños en número, sino en poder, el poder que les robamos, pero pueden alcanzar a un número amplísimo de personas. Es decir, no son hechos ni vivencias aisladas, ni raras, ni poco frecuentes, solo repudiadas hoy en día.

Su poder es tan potente como una ley. Cumplir las expectativas de lo sagrado y lo prohibido en la sociedad te convierte en aceptada o aceptado, te abre puertas. Si incurres en algo no deseado en las leyes sociales no escritas, no serás aceptado, serás excluido.

Deberíamos cambiar lo prohibido por misterioso, me parece mucho más constructivo y dinámico. Ojalá la curiosidad nos haga romper muchos muros invisibles y estar más cerca.

¿Cómo romper tabúes?

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Después de todo lo que has reflexionado con lo anterior, vamos a lo que es más divertido, lo que podemos hacer. ¿Para que están las cosas? Pues para romperlas.

No dejan de ser barreras mentales, aunque fuertemente compartidas, pero puedes empezar por tener conversaciones incómodas con tu pareja, tus hijos o amigos sobre sexo… Igual no es tan incómodo al final.

Sobre todo, pregúntate más veces “y esto, ¿por qué está mal?, porque lo mismo descubres que no lo ves mal. Es normal y lógico aceptar el discurso social, sinceramente no eres culpable, hasta que te niegas a hacerte preguntas.

Y, por último, rompe un poco las reglas, tira la casa por la ventana y cambia eso que siempre te ha molestado, pero “no se podía” modificar. Si modificas el pensamiento, abres unas puertas y cierras otras. Elige.

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