QUIERO SER TU MAMÁ

deseo maternidad

Yo soy mamá desde que era muy joven, casi niña, aunque mi hijo nació cuando yo tenía 37 años. No tuve un embarazo eterno, tuve un deseo imparable de ser su mamá.

Pero ¿de quién? ¿De alguien a quien no conoces?, es lo que me repetía mi conciencia cuando el camino a la maternidad se volvió imposible. Porque sí, tuve que hacerme a la idea de que quizá no sería posible, y busqué en mi mente de forma incansable la posibilidad de una vida plena sin esa persona que ni siquiera aún existía. O sí.

Para no faltar a la verdad, busqué información sobre adopciones nacionales e internacionales, familias de acogida y cualquier método que me llevara a la maternidad, porque yo lo único que estaba buscando es al hijo o hija que vivía en mi deseo desde que recuerdo tener deseos. Sabía que existía, me faltaba recorrer el camino para encontrarnos.

Nunca fui muy niñera de cara al exterior, sin embargo, cuando veía un bebé imaginaba qué sensación tendría si un día yo tuviera uno; cuando veía un niño negociar con sus padres algo me imaginaba en esa situación; cuando veía niños en general sentía que el mejor momento de mi vida aún estaba por llegar.

Ya en mis diarios de preadolescente, hay páginas dedicadas a nombres de niña y nombres de niño. Más tarde llegaría a estar en foros donde otras personas pedían consejo e ideas para los nombres de sus hijos.

Viví mucho tiempo a ciegas pensando en él o en ella, en qué educación quería darle, a qué tipo de colegio quería que fuera, de qué forma viviríamos, cómo quería inculcarle los valores que a mí más me habían servido para ser una persona de bien… Así que, no me cabe ninguna duda de que mi maternidad empezó mucho antes del embarazo.

Fui madre cada vez que estando en pareja me planteé si ambos estábamos preparados para ese momento, lo fui cada vez que decidí que no era el momento, lo volví a ser todas las veces que me pregunté si sería capaz sola, y lo soy ahora que lo tengo a mi lado durmiendo mientras escribo esto pensando en ti, que tampoco te conozco, pero que sé que existes. Sea cual sea el camino hacia tu maternidad, tú ya eres su mamá independientemente del final de tu historia y de cómo se llamen las piedras que ponga la vida.

Pensar que lo que aún no es tangible no existe es un error con total seguridad. A veces no sabemos cómo llegamos a pasar por tanto para llegar a ser madres cuando todo se vuelve un ciclo largo y tedioso de intentos, tratamientos, pruebas etcétera. Y la respuesta es el deseo. Siempre fue la fuerza que tiene algo tan intangible como es un deseo que nace de las entrañas y al que muy probablemente no sabrías ponerle palabras.

¿Será el destino? No lo sé, en cada momento de mi vida visualizaba a mi hijo o hija de una manera, con unos rasgos u otros, con un nombre u otro, con una identidad u otra, pero es que simplemente eso no importa porque solo son formas de intentar hacer visible lo que aún no podemos ver y eso solo podemos hacerlo con la imaginación. Y la imaginación es solo eso.

Entonces, según el destino mi hijo ha cambiado de identidad en general infinitas veces en cada etapa de mi vida, con cada pareja, con cada circunstancia; así que no estoy diciendo que mi hijo ya existiera como un proyecto físico acabado esperándome. Lo que digo es que, entre millones de circunstancias que son incalculables e impredecibles, cada vez que te planteas si tienes la estabilidad suficiente para tener un hijo, cada vez que te haces esa prueba médica dolorosa (a veces incluso cara) y tiemblas esperando resultados para ver si estás más cerca o más lejos del intento, cada vez que vas a terapia para ofrecerle lo mejor a alguien que aún no está, siempre que no sale bien pero lo vuelves a intentar a pesar de que a veces realmente no podemos más, lo haces porque tú ya eres su mamá.

Así piensa y actúa una mamá.

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