Mi camino a la doble donación de gametos.

Mi camino a la doble donación de gametos

Siempre soñé con ser mamá, aunque no me imaginaba teniendo un hijo o una hija, me parecía demasiado bueno. No sabría explicarlo, como algo que no sabía si algún día llegaría a alcanzar. Tampoco sé si estoy hablando de intuición o destino porque quién sabe qué son realmente y cómo se delimitan.

Cumplir años e ir quemando etapas me hizo empezar a abrir la mente progresivamente, especialmente cuando tuve una pareja que fue adoptada. Alguna vez busqué información sobre adopciones nacionales e internacionales antes de empezar ningún proceso para ser mamá, pero la realidad es que nunca me pareció una información accesible y clara. Quizá eso me llevó a descartar esa opción que para mí sí podría haber sido válida.

Mientras todo eso ocurría en mi cabeza, mi relación de pareja se rompió y, por tanto, nunca busqué un embarazo de forma natural. De hecho, tomaba anticonceptivas desde hacía muchos años.

La consulta médica que cambió mi vida

Reproducción asistida

Cuando empecé mi proceso para ser madre soltera por la Seguridad Social, el camino al principio fue rápido y en principio todo iba a ser sencillo, se haría un máximo de 3 inseminaciones artificiales y si no se conseguía el embarazo, pasaríamos a 1 tratamiento de fecundación in vitro. Todo con semen de banco de donantes porque finalmente mi decisión fue la de emprender este camino en solitario.

Mis días en aquella unidad de reproducción asistida se torcieron rápido: una reserva ovárica muy baja, estimulaciones que nos costaba llevar a término, una inseminación negativa y, sobre todo, el día en el que me dijeron que necesitaban hacerme más pruebas cuyos resultados tardarían meses en llegar y en función de ello me seguirían haciendo inseminaciones o no. Además, me desahuciaban del resto de tratamientos, aunque esto lo aclararé un poquito más adelante para que haya un contexto coherente.

Ovodonación: mi esperanza renovada

Infertilidad

El punto de inflexión que lo cambió todo

Tratamiento de fertilidad

Me citaron en el hospital para un segundo intento de inseminación artificial. Se suponía que confirmaban por ecografía que los ovarios estaban en reposo y podíamos iniciar un nuevo ciclo de estimulación ovárica, recogía mi medicación y ese mismo día por la tarde comenzaría a inyectarme las hormonas.

Sin embargo, entré a esa consulta y me encontré una comunicación áspera, desactualizada, deshumanizada y un pelín maleducada. Iba sola a esa consulta, bueno, siempre fui sola a mis consultas por elección propia también. Todavía admiro mi actitud en esa silla donde me quedé fría, me limité a escuchar sabiendo que lo que me estaban diciendo no era cierto o eran medias verdades, asentí y después simplemente me fui. No confronté, porque yo tenía una baza que ellos no podían ofrecerme.

Resulta que para las dos médicas que estaban ese día atendiéndome, de repente mi reserva ovárica suponía que no podría ser madre, así me lo dijeron. No, no me hundieron, aunque he llegado a pensar, con acierto o no, que sentían el poder de decirles a las mujeres quién sí y quién no podría ser madre sin al menos demostrar estar muy actualizadas en la materia. Me dijeron que en ese momento tenía menopausia precoz yendo a esa consulta todos los meses con la menstruación, por ejemplo. También me dijeron que no podía hacer una FIV porque no iban a gastar recursos en alguien que no tenía casi óvulos y nunca mencionaron opciones como ovodonación o embriodonación. Pero daba igual porque yo ya sabía que existían.

Salí de aquella consulta con muchísima prisa, tranquila, pero necesitaba salir de ese hospital porque tenía algo que hacer muy urgente. Tenía tanta prisa que cuando el ascensor llegó abajo del todo y abrió la puerta, ya tenía el número de teléfono marcado y sonaba el primer tono. Al otro lado del teléfono una chica me atendió con una calma y amabilidad que me hizo volver a respirar despacio y poder contarle mi situación. Me preguntó que cuándo podría ir y le dije que en cuanto ella me dijera, entonces me dijo: ¿Cuánto tardarías en llegar? Media hora más tarde estaba sentada en la sala de espera de IVI para mi primera consulta.

Más tarde, en una conversación telefónica con la Seguridad Social cuando se dieron cuenta de que no volví y decidieron llamarme haciendo seguimiento, les recriminé que nunca me hablaron de la ovodonación y me dijeron que yo era muy joven para esa opción. O sea, con 33 años, la única vía que ellos veían para que yo fuera madre era esperar en mi casa 7 años hasta tener la edad indicada para ese tratamiento, porque, claro, tampoco te recomiendan la opción de la clínica privada.

Ovodonación: la hora de mi verdad

decisión y ovodonación

Me preguntaron si quería un médico en concreto, ya la pregunta me parecía un lujo así que le dije que no, que entendía que todos los profesionales allí eran de lo mejor, pero vamos, que mi problema era un fallo ovárico precoz o eso me habían dicho, que si había alguien más especializado en eso, yo encantada de conocerlo o conocerla.

¿Sabéis cuándo veis a alguien y os sentís a salvo, aunque no sabéis muy bien por qué? Eso sentí yo cuando vi a Nuria. El choque de realidades entre cómo empezó mi mañana aquel día y aquella consulta amplia, relajada, con explicaciones sin prisa fue brutal… Sabía que económicamente iba a ser duro, pero yo estaba donde debía.

Después de una primera exploración le dije que yo quería ovodonación y ella se sorprendió, me preguntó por qué y yo le dije que me habían dicho que yo no podía ser madre, pero había leído en la web de IVI que podía serlo si renunciaba a que fuera con mis óvulos. Creo que se quedó pasmada con mi decisión en firme 10 minutos después de conocernos y me explicó que yo sí podía ser madre con mis óvulos porque la reserva ovárica habla del número aproximado de ovocitos disponibles que me quedan, que eran poquitos, pero si conseguíamos extraer uno, era más que suficiente porque podría ser de buena calidad.

Finalmente, no fue mi caso, pero sí es el de un porcentaje elevadísimo de mujeres que se encuentran con una baja reserva ovárica y consiguen el embarazo con sus propios óvulos. Y, de hecho, si es tu caso, te animo a que comentes este post, no sabes cuánta esperanza generas en quienes están en proceso.

Entonces Nuria aceptó y me dijo: te lo iba a proponer porque ya el primer día me dijiste que contemplabas esa posibilidad, de todas formas, la selección de los donantes hará que el bebé se parezca a ti. Le dije que me parecía bien, pero que tampoco me importaba a quién se pareciera siempre que pudiéramos asegurar en la medida de lo posible que viniera sano. Entonces pedí que los donantes, ahora dos, donante de semen y donante de óvulo, tuvieran hecho o se hicieran pruebas genéticas y fueran compatibles entre sí.

De hecho, ambos donantes son de banco, es decir, si yo no hubiera aparecido, mi hijo nunca habría tenido la posibilidad de vivir porque ese óvulo y ese esperma ya habían sido donados previamente esperando a una pareja o una persona que necesitara esa donación para poder ser padres.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *