empatía

Empatía

La empatía no es “ponerse en el lugar de otro” si con ello entendemos que nos ponemos en su lugar porque hemos vivido lo mismo alguna vez. Y esto es lo que a menudo entendemos. La empatía es una habilidad social más, pero muy importante de desarrollar, porque se traduce en equilibrio e igualdad social.

La empatía no es simpatía, la empatía sí se trabaja. Hay personas más empáticas que otras de forma natural o por un mejor trabajo personal, esto lo dejo a tu debate interno. Lo que está claro es que, salvo una casuística rarísima y extrema, que ahora ni se me ocurre cuál podría ser, tú tienes una potente capacidad empática por desarrollar, sin excusas.

¿Qué es la empatía?

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La empatía es el respeto frente al juicio de valor y el prejuicio, supone tener la capacidad de entender desde dónde te está hablando la otra persona. No te está hablando desde tu punto de vista, por lo que lo más adecuado suele ser no imponer  tu opinión si no te la han pedido. Ahora estamos centrados en tener una visión holística (del todo en conjunto) a través de la escucha y la comprensión de lo que te están haciendo partícipe directa o indirectamente.

La empatía es entender la vida de una forma en la que no existe solo un tipo de vida, un tipo de reacción a la vida ni un tipo de pensamiento dominante. Es la capacidad de “ponernos en el lugar” de aquellos con los que no tenemos nada que ver.

Muchas veces no necesitan tu opinión, sino tu comprensión. Lo que vive la gente que no eres tú también es real y válido, aunque no se parezca a lo que harías tú. Todos estamos en este juego, si a todos nos pasara lo mismo ya habríamos llegado al final del cuento.

Diferencia entre empatía y simpatía

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Hay un tipo de “empatía” mayoritaria en la que sí nos sentimos cómodos. El problema es que no es empatía, es simpatía, y los caminos fáciles…

La simpatía es “ponernos en el lugar de otras personas” por compartir sus valores y vivencias. Igual te hace sentir bien, no lo niego, pero ignorar, criticar, juzgar a los que no son afines a ti te condena a vivir en una sociedad segmentada que te acabará atrapando en un mal movimiento y, además, perpetuas las dificultades de los demás. Es decir, sin darte cuenta puedes estar dificultando el camino de todas esas personas cuyo delito es no pensar, actuar ni reaccionar como tú.

Tendemos a pensar que alguien que sufre y siente dolor es alguien débil, pero en mi opinión, eso evita profundizar en lo que realmente implica el dolor. Para sentir dolor tienes que analizar, hacer autocrítica, no huir e implicarte en las situaciones. Sinceramente lo único que se me ocurre es llamarlo valentía y lo que despierta es verdadero respeto. El dolor la mayoría de las veces es un proceso para encontrar tus soluciones y mirarlo de frente merece empatía, como poco.

¿Qué efectos tiene no tener empatía?

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La poca o muy poca empatía provoca problemas de adaptación. Bueno, es lógico que alguien que no entiende a los demás no se va a encontrar conforme en ningún sitio. Puedes reconocer a estas personas porque cuando intentas que tomen una postura empática  a veces se ponen a la defensiva y responden con una postura de aparente “superioridad”. La superioridad es como el miedo, que es libre y cada uno se coge el trozo que le da la gana.

Una persona que no se preocupa por su empatía no podrá profundizar en sus relaciones porque las juzga, porque no tendrá capacidad de medir sus propios prejuicios, mucho menos de trabajarlos. Además, le generará una frustración cada vez mayor, puesto que resolver conflictos que no entiende será una tarea imposible.

También puedes reconocer “fácilmente” a una persona empática porque será en gran medida respetuosa, flexible en su mentalidad y solidaria. Normalmente estas personas son bien aceptadas por la mayoría porque aportan bienestar general.

En cualquier caso, la empatía se trabaja también para ajustarla. A las personas muy empáticas les traspasa todo y especialmente lo que las personas no empáticas provocan. Esto puede llevar a un desgaste emocional importante, por lo que la habilidad puede convertirse en algo tóxico para ti. Es importante que cuando se pide empatía a la sociedad y tú sabes que ya lo eres, aprendas a relajarte y dejar de exigirte porque triplicar tu capacidad empática no es justo y, lo peor, no estás cubriendo la capacidad de otros que no lo son, solo estás cargándote emocionalmente.

¿Qué nos impide desarrollar empatía?

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La realidad de algunos estudios es que detectan que somos menos empáticos de lo que nos pensamos en general. ¿Cuáles son las trampas de la empatía?

  • Lo confundimos con compasión: Demostrar pena no es empatía y es una emoción que no apoya a la otra persona, más bien la convence de que su situación puede no tener solución. La visión que ofreces desde la compasión es de lejanía con la situación y la persona. Es difícil que conectes con alguien a través de ella. Simplemente piensa si te gustaría provocar pena en los demás, seguro que la respuesta es no.
  • Socialmente deseable: La empatía es una habilidad socialmente deseable, así que cuando nos falla, la fingimos. La sociedad presiona y es lógico que no vamos a saber entender ni escuchar siempre lo que tenemos delante. Lo mejor es identificar que te está costando y trabajar los motivos, como harías con cualquier otra habilidad. A veces nos cuesta ver que influimos en la vida de los demás con nuestros gestos, palabras, acciones… Cambias la vida de personas solo con tu actitud, tenemos que ser lo más conscientes posibles del impacto que generamos.
  • Egocentrismo: Otras personas simplemente creen que están por encima de los problemas o dificultades de los demás, es decir, creen que todos exageran o simplemente que les pasa lo que merecen por no hacer las cosas como ellos. Esto es lo que podemos definir como personas con actitudes poco sanas. Normalmente, esto ocurre en personas muy inseguras que cubren sus complejos con una apariencia férrea y nada flexible.

Los argumentos en la línea de “se lo ha buscado” están dentro de este bloqueador de empatía. Todos y todas nos equivocamos (incluso muchas veces y con lo mismo). Las personas egocéntricas no identifican sus propios conflictos porque no pueden aceptar vivir situaciones parecidas a lo que critican, pero no quiere decir que no los tengan, que no los muestren ni que no los suframos los demás.

  • Crítica: A otras personas les echa para atrás defender o alzar la voz del entendimiento sobre situaciones poco populares o polémicas. Evitar la crítica por tu opinión de respeto hacia algo o alguien tampoco es el buen camino. Si hay opiniones para todos los gustos, tú tienes el derecho de lanzar la tuya y, además, no debemos olvidar que lo que hoy le pasa al vecino, mañana te puede pasar a ti. Quizá merece la pena atrevernos a alzar la voz por los demás, aunque sus situaciones no se parezcan a las tuyas.
  • Intentar solucionar los problemas de los demás: La empatía no trata de solucionarle la vida a nadie ni de entrometernos. La empatía es el respeto que ofrece saber comunicarnos entre no iguales, pero no es la puerta abierta a que tú tomes el mando de la vida de nadie. Es el puente invisible que se crea al apoyar a alguien lo que le permite ver con una nueva perspectiva y comenzar a desbloquear su situación, pero ella o él mismo. Así que tranquila/o que tu papel es imprescindible, aunque no tomes tú las decisiones.

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Cuando vives acorde a una empatía sana el beneficio en tu bienestar es infinito, te ayuda a regular tus emociones y conocerte mejor. La constancia nos convierte en justos precisamente por no imponer justicias individuales y por tener la capacidad de absorber todas las variables que influyen en un solo hecho.

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