Pensabas que lo único que necesitabas era el positivo en embarazo, pero una vez te lo confirman, empieza la gestión mental del embarazo. La segunda parte que nadie cuenta especialmente tras un diagnóstico de infertilidad y años de tratamientos.
A mí me ocurrió, imaginaba mi vida durante el embarazo viviendo en una nube de felicidad. Sin embargo, surgieron muchísimos miedos con los que no contaba.
No tiene por qué pasarte lo mismo, pero después de conversarlo en voz alta con otras mamás, creo que es necesario hablar de esta realidad que a algunas nos toca vivir hasta conocer a nuestros bebés.
El día después del ansiado positivo

Si has hecho cualquier tratamiento de fertilidad, sabrás que después de unos 10 días se hace una beta, que es un análisis en sangre para medir la hormona del embarazo (hCG).
Si la prueba es positiva, ¡ya está! El embarazo está confirmado. ¿Ya lo tenemos todo, no? Bueno, en muchos casos, aquí empieza algo con lo que no contabas, la gestión mental del embarazo.
Una de las cosas positivas de los tratamientos es que tienes ecografías desde semanas muy tempranas. A mí esto se me hizo un poco cuesta arriba cuando fui descubriendo lo que había después del positivo. Es como si hubiera vivido pensando que detrás del positivo estaba mi bebé, pero claro, había muchísima evolución y transformación por delante hasta llegar a él.
Después de la beta positiva, tienes que esperar aproximadamente otros 10 días para, ni más ni menos que confirmar cosas tan importantes como si se ha implantado dentro del útero, si el crecimiento de la bolsa se corresponde con un embarazo evolutivo y si hay vesícula vitelina. A esto hay que sumarle que hay personas que necesitan repetirse la beta para comprobar si el resultado se multiplica correctamente con el paso de los días.
A esos días se les llama ecoespera. Mi ecoespera se basó en gestionar pensamientos intrusivos con mi psicóloga.
Pero aún hay más porque si en esa primera ecografía se certifica un embarazo evolutivo, estamos hablando de la semana 5-6 de gestación. Es decir, en un embarazo natural aún ni sospecharías que estás embarazada en muchísimos casos y nosotras ya tenemos una ecografía. Hasta la semana 7-8 no se aprecia latido y si se aprecia no es del todo fiable. Así que aún falta un par de semanas más para escuchar que todo sigue bien.
Entonces van pasando las semanas y sueñas con pasar el primer trimestre, por eso del riesgo de aborto. Pero entonces te informan y te dicen que el primer trimestre tiene sus riesgos, pero el segundo y el tercero también.
En definitiva, lo primero que te encuentras después del positivo son varios momentos determinantes cuando tu sistema hormonal está creando la gran revolución en ti. En muchos casos sigues con medicación durante esas primeras semanas y el positivo empieza a verlo muy pequeño frente a lo que te vas encontrando.
¿Estás feliz? Sí, muchísimo, pero yo me sentía andando sobre una fina cuerda que podría romperse en cualquier momento.
La seguridad de pasar la semana 12

Por fin alcanzas la semana 12 y viene esa ecografía tan importante. Importante porque es la primera vez que vas a ver a tu bebé ya formadito y cabe la posibilidad de que te digan el sexo y puedas ir dándole identidad. Pero también porque empiezan a hablarte de síndromes y enfermedades y resulta que hay cosas que hasta la ecografía de la semana 20 no se verán.
No sé si a vosotras os pasó, pero a mí me llovieron muchísimos testimonios de personas que habían sufrido dificultades de todo tipo pasada la semana 12 justo cuando yo la pasaba.
Y sigues muy feliz, pero no nos vamos a engañar, aún ni te ves la barriga ni notas nada y si tuviste síntomas al principio, que por cierto pueden ser bastante desagradables, en este punto muchas veces desaparecen. Es decir, te encuentras embarazada sin notar nada ni ver un cambio físico evidente y si el embarazo lo llevas por la Seguridad Social, tienes que aguantar otras 8 semanas, ni más ni menos, para volver a saber algo del desarrollo de tu bebé.
Sí, yo me pagué una ecografía a mitad de ese camino, en la semana 16 cuando ya no podía más con lo de “tienes que disfrutar del embarazo” mientras recibía muchísima información sobre riesgos en el embarazo.
Que si ten cuidado con lo que comes, ten cuidado con lo que haces, haz ejercicio, pero no hagas tanto ejercicio, ¿notas esto? ¿Notas lo otro?, a mí me pasó esto y era porque no se qué… y un infinito etcétera.
A todo lo anterior, sumaré que las que venimos de tratamiento de clínica privada somos dadas de alta cuando se detecta latido. Es decir, que la ecografía de la semana 12 es la primera toma de contacto que tenemos fuera de nuestra clínica, que no deja de ser nuestra zona de confort al principio del embarazo.
De nuevo, en un embarazo natural es bastante posible que tu primera ecografía sea la de la semana 12 y no tienes ni idea de lo que ha pasado anteriormente. Nosotras, las de los tratamientos, en esa semana ya llevamos 2-3 ecografías y 1-2 betas, midiendo el embarazo desde el punto 0. Aquí se cumple que muchas veces el desconocimiento te hace feliz.
La gestión mental del embarazo tras la infertilidad

Y no, no quiero dar miedo, pero debemos conocer que en el embarazo igual que en la vida hay riesgos. Vivir aceptando la incertidumbre me habría ahorrado momentos muy angustiosos en mi embarazo. Y no soy la única.
Muchas noticias hablan de esto, por ejemplo: “Es como una nube de miedo constante”, «cómo afrontar un embarazo tras años de infertilidad» , «Una infértil embarazada se mira muy a menudo la ropa interior por miedo al manchado»
Yo no estaba sola, pero no lo sabía.
Sin lugar a duda salvé mi embarazo mentalmente gracias a la terapia psicológica, tuve miedos muy concretos que duraron todo el embarazo, pero aprendí a mantenerme en el momento presente y evitar que mi mente estuviera imaginando escenarios difíciles o futuros solo en terapia.
Así que yo sí recomiendo buscar un apoyo psicológico porque, muchas veces, el entorno no es suficiente, no parte desde el mismo origen de embarazo. Aunque todos los embarazos tienen los mismos riesgos, da igual si te has quedado embarazada en seguida o te ha costado 10 años, la mayoría de los riesgos en la gestación son comunes, forman parte de la vida literalmente.
Pero el cómo se llega al embarazo sí hace que la gestión mental del embarazo pueda ser distinta.
El duelo de los tópicos no cumplidos

Imaginé toda mi vida que haría una fiesta para anunciar el sexo y el nombre de mi bebé, regalaría ecografías, viajaría embarazada disfrutando del mundo, haría una baby shower, gritaría a los cuatro vientos que iba a ser mamá.
Pero te digo una cosa, no solo no cumplí con casi ninguna de esas cosas, sino que además me sentí culpable todo el embarazo por no ser capaz de hacerlo.
No es algo necesario, pero si quieres hacerlo y el miedo a que algo termine yendo mal te lo impide, aparece la culpa. El entorno de nuevo puede no ayudar.
Pasé mi embarazo haciendo las cosas poco a poco, poniendo objetivos en semanas concretas para lograr hitos como comprarle ropita a mi bebé. En el fondo sí sentía que mi embarazo era más frágil que el de cualquier otra mujer, pero eso no era cierto objetivamente.
Lo que sí hice fue la sesión de fotos de embarazo porque era algo íntimo, no tenía que involucrar a nadie más. Para bien o para mal sería un recuerdo para mí.
Por cierto, si vives en Valencia, te recomiendo muchísimo las sesiones de fotos de Andrea Mengó.
La infertilidad me robó la inocencia para poder disfrutar de esos tópicos porque sentía que, si disfrutaba de esas cosas “banales”, la vida me castigaría haciendo que el embarazo no saliera bien.
Lo digo así de claro porque hablando con otras mamás, este pensamiento es muy recurrente, pero no tiene nada de verdad, solo es ansiedad.
Ninguna fiesta relacionada con tu bebé tiene el poder de romper nada. Así que, si sientes ese temor, pero encuentras la forma de tumbar ese pensamiento, haz esa fiesta o hazte esas fotos o cualquier cosa que sientas que en el futuro te va a gustar recordar.
La presión social sobre “disfrutar el embarazo”

Bueno, no lo voy a adornar. A veces lo peor para tu estabilidad mental en el embarazo es tu entorno. Aunque no lo hagan de forma consciente.
Resulta que como hay mujeres a tu alrededor que han tenido hijos, saben cómo tienes que vivir tu embarazo.
Y, no solo eso, es que hay un millón de ideas sociales sobre lo que debemos hacer o no las mujeres embarazadas y como no lo cumplas te caen un montón de maldiciones.
Por ejemplo: si lloras en el embarazo, el bebé sufre, si estás nerviosa se lo pasas al bebé, si tienes miedo te nacerá con miedos, si no disfrutas el embarazo, el bebé lo nota.
Pero ¿alguien cree que es posible estar 9 meses sin, ocasionalmente, llorar, estar triste, tener miedo y todas las emociones que tiene un ser humano?
O sea, basta ya de hacer sentir culpables a las mujeres por absolutamente todo. No necesitamos palmeros vigilando nuestras emociones. Tampoco estando embarazadas. El embarazo corresponde única y exclusivamente a la persona embarazada.
¿Te digo una cosa? Si en lugar de tanta incomprensión y querer imponer ideas rígidas nos dedicáramos a escuchar y entender, podríamos acompañar las emociones de alguien que solo necesita un sostén. Muchos miedos desaparecen solo cuando no te sientes juzgada y te puedes apoyar.
Los miedos no deben ser secretos porque el miedo se alimenta del silencio para paralizarte.
¿Cómo gestioné mentalmente mi embarazo?

La realidad es que tuve que elegir qué gestionar y qué dejar un poco en el tintero. Yo creo que mi mayor triunfo en el embarazo fue conseguir vivir el hoy sin pensar en la siguiente ecografía, la siguiente semana, el parto y todo lo que era el futuro dentro del embarazo.
Sin embargo, no conseguí reducir mi miedo a las ecografías, lo pasaba fatal en las salas de espera. Tampoco conseguí comer libremente, llevé al extremo las precauciones con todo lo que comía y bebía.
Pero como he dicho antes, para poder gestionar el embarazo necesité apoyo psicológico. Mi psicóloga, Paloma Rey, fue un punto estable para mi mente ante tanta inseguridad y cambio vital.
He evitado hablar de síntomas, miedos concretos, situaciones complicadas en general porque entiendo que puedes estar en un momento vulnerable como yo lo estuve. Sin embargo, me gustaría que sepas que, si estás embarazada y tienes miedo, no eres la única y hay profesionales que pueden ayudarte muchísimo a mejorar eso.
Si lo que necesitas es hablar con alguien que haya estado en esta situación, puedes escribirme sobre lo que quieras y estaré encantada de intentar acompañarte en este viaje, que aunque a veces se nos hace duro, los finales felices existen.

