Una de las cosas que retrasó el paso real hacia reproducción asistida fue la nula información que tenía sobre cómo empezar junto con la escasa y dispersa información que encontraba sobre el tema.
Sabía que podría hacerlo por la Seguridad Social, pero desconocía dónde tenía que ir o con quién tenía que hablar. También sentía incertidumbre sobre otras cosas como el tratamiento que me harían y si era molesto o cuánta lista de espera habría. Esto último me presionaba por si a pesar de empezar a los 33 años, el proceso se alargara demasiado tiempo.
En definitiva, no tenía ni idea de nada y me hubiera gustado tener información, porque me habría evitado alguna experiencia que con lo que sé hoy, no me habría ocurrido.
Mi primera toma de contacto con la Seguridad Social

La Seguridad Social fue mi primera opción porque siempre he creído que allí están los mejores profesionales, los que pasan todos sus años de carrera, MIR y oposiciones, pero no voy a mentir, mi experiencia no fue buena y fue por desconocimiento mío. Si yo hubiera sabido lo que sé después de años de tratamientos, me habría ahorrado más de un disgusto de los que te marcan, por eso lo voy a contar, pero eso no significa que no sea una opción buena, simplemente la información me habría hecho saber si estaba en mi lugar o no.
Para situar en qué punto llegué a la primera consulta de reproducción asistida, diré que nunca tuve ningún problema ginecológico que indicara un problema de fertilidad en todas las revisiones que me había hecho desde bien jovencita.
Las pruebas iniciales fueron bastante básicas: una ecografía vaginal, una citología, un análisis de sangre de bioquímica, otro análisis hormonal y una histerosalpingografía. Con ello, la siguiente llamada era para empezar, pero ¿para empezar qué? Si es que nadie me dijo nunca qué tratamiento me harían, cuánto dura, cómo se hace, si necesito ir acompañada, cómo se selecciona al donante de semen…
En esa situación me planto allí en mi primera cita presencial por fin en aquella planta de reproducción asistida del hospital y empiezan a desvelarse los secretos. Recuerdo que había tres consultas, en una te llevaban el seguimiento y planificación del tratamiento, en la segunda salían mujeres que casi siempre salían felices o emocionadas, más tarde entendí que en esa sala hacían las inseminaciones artificiales y la tercera, que llamaba en voz alta a mujeres para citarlas y enseñaba a otras a pincharse la medicación mientras todas en la sala de espera lo escuchábamos.
En ningún momento durante los meses que estuve en tratamiento allí me sentí en confianza o sentí que se respetara la privacidad de las mujeres y parejas que iban a hacerse un tratamiento por el motivo que fuera. Me enteré de todas las historias que tocaron en ese tiempo porque las hablaban a puerta abierta mientras esperabas impaciente a que te atendieran.
Muchas veces allí pensé que no parecía un lugar donde se fueran a producir buenas noticias.
¿Qué es la hormona antimulleriana?

Al ser joven (33 años), no tener ningún problema de salud detectado en las pruebas y el motivo era el deseo de ser madre soltera, me llamaron en seguida. Mi lista de espera fue escasos 2 meses. Hasta aquí todo perfecto.
En la primera consulta la médica que me atiende se da cuenta que no me han solicitado la analítica de la única hormona que les importa (dicho por ella misma) y me manda a que en esa semana me haga ese análisis y ya con los resultados empezamos. No me dice que hormona es ni por qué es tan importante.
Es la hormona Antimulleriana (AMH), que básicamente indica aproximadamente tu reserva ovárica. Es decir, cuántos ovocitos disponibles te quedan y en función de ello recetar una medicación u otra para la estimulación ovárica. La mía era muy muy, muy baja y con ese resultado la médica me dijo frases como “eres estéril”, “los ovarios no te funcionan”, “lo vamos a intentar, pero no creo que consigamos nada”, “tienes menopausia precoz”, “esa reserva ovárica es debido a una mutación genética en el Gen X Frágil y pasarás una enfermedad muy grave si te quedas embarazada y es un varón”.
Hoy sé que estas afirmaciones no eran diagnósticos cerrados, sino interpretaciones precipitadas basadas en un único dato.
Lo que no me explicaron:

- La reserva ovárica habla de la cantidad, en ningún caso de la calidad. Es decir, puedes tener pocos ovocitos disponibles de buena calidad y puede darse la situación contraria, tener una buena reserva, pero algún problema de calidad ovocitaria que dificulte conseguir el embarazo.
- La AMH, aunque es importante, no es la única hormona importante para conseguir un embarazo. Otras serían la FSH (hormona foliculoestimulante), LH (hormona luteinizante), estradiol, progesterona, prolactina, TSH (hormona tiroidea), etc.
Es decir, no es solo cuántos ovocitos te quedarían aproximadamente, es también cómo responde el ovario, si ovulas bien, si tu sistema hormonal general está funcionando bien…
- No me dijeron que las posibilidades de la menopausia precoz y la mutación genética eran solo eso, posibilidades y no hechos. De hecho, después de hacerme las pruebas en la Seguridad Social y de forma privada para asegurarme, ninguna de las dos opciones se cumple.
- Nunca me hablaron de otros tratamientos disponibles en la actualidad, como podría haber sido una FIV (fecundación in vitro) con selección genética si estaban pensando que podría portar alguna mutación, ovodonación o embriodonación. De hecho, me dijeron que teniendo tan pocos ovocitos, no era apta para hacer un in vitro porque no iban a malgastar un intento conmigo para conseguir tan poco resultado.
Si yo hubiera sabido todo lo anterior en aquel momento, no habría estado meses aterrorizada con la idea de que tendría que renunciar a ser madre, tenía una mutación genética y además en algún momento inminente me iba a desaparecer la menstruación que hasta aquel día había sido hiperregular. Tengo que decir que el día que aquella médica me dijo que tenía menopausia precoz me había hecho una ecografía vaginal estando con la regla. La confusión y el miedo que me generaron aquellas consultas marcaron totalmente un antes y un después para mí.
Hormonas importantes en fertilidad
Durante mucho tiempo pensé que todo dependía de la hormona antimülleriana. Pero la realidad es que la fertilidad es mucho más compleja y depende de todo el equilibrio hormonal.

Es decir, no se trata solo de cuántos ovocitos tienes, sino de cómo funciona todo tu sistema hormonal.
Inseminación artificial

Aún a pesar de todo lo anterior y, dado que ellas eran las que sabían y yo no sabía nada, hice una inseminación artificial por la Seguridad Social en aquel hospital.
El proceso consiste en empezar a estimular tus ovarios con medicación hormonal (sí, los míos también se estimularon y funcionaron, aunque a su nivel) los primeros días de menstruación. ¿Por qué? Porque durante la menstruación los ovarios están en descanso y vuelven a activarse una vez finaliza ésta para volver a crear un nuevo folículo para un nuevo ciclo.
Espera, espera, voy muy rápido. ¿Por qué nunca nos contaron esto en el colegio sobre nuestro propio cuerpo?
Los primeros días de la regla te mandan una medicación, normalmente pinchada en la zona baja del abdomen y subcutánea, por eso te la puedes administrar en casa sin riesgos. La medicación dependerá de tu sistema hormonal y la famosa reserva ovárica. El caso es que, con los primeros pinchazos, tus ovarios inician el ciclo de manera artificial y se corta la menstruación, pero además se espera que la respuesta ovárica sea mayor que la tuya de forma natural. Es decir, que, en lugar de generar un folículo por ciclo, generes más y durante unos días se controle ecográficamente el crecimiento de esos folículos porque dentro tienen el ovocito que va madurando según avanza ese ciclo.
Cuando llegan a un tamaño óptimo, unos 17 mm, se programa la inseminación artificial y se administra unas horas antes otra medicación cuyo objetivo es provocar la ovulación, que no es más que la rotura de esas bolsitas, folículos, para que los ovocitos sean liberados y al introducir el semen el día programado, pueda haber una posible fecundación.
Llega el día y el proceso consiste en colocar una cánula en el cuello del útero controlando por ecografía y liberar el semen. Puede llegar a ser algo molesto, pero no doloroso. Después esperas unos 10-14 días, que es la conocida betaespera, y vendría la prueba de embarazo o beta.
Contra más te lo cuento, más locura me parece haber pasado por todo esto sin que nadie me informara de nada.
Mi mejor decisión en reproducción asistida

Me fui a la privada y allí me enteré de todo. Y sí, pagué, hice horas extras, dejé de hacer muchos planes… pero me dieron la información correcta y actualizada sobre mi cuerpo y las opciones que tenía, los plazos, las medicaciones, etc.
Añado una lista de clínicas de Valencia, que es mi ciudad, no para recomendar la privada por encima de la pública sino para que puedas preguntar, buscar información y comparar antes de decidir cuál va a ser tu lugar elegido para algo tan importante como ser madre, ser padres.
Porque cuando empiezas en reproducción asistida no solo necesitas un tratamiento. Necesitas información, contexto y sentir que no estás completamente perdida.

