Esta es la frase negativa que, probablemente, más veces he escuchado desde que empecé a decir que estaba intentando ser madre soltera.
En mi caso, ser madre nunca fue negociable, lo que sí lo era es el cómo llegar a serlo. Quiero decir, no estoy de acuerdo en tener hijos con la pareja actual sin someternos individualmente y en pareja a un autoanálisis crítico sobre cómo se van a gestionar esos cambios, cómo quieres educar a tus futuros hijos, cuáles son las prioridades que se establecen y un sinfín de condicionantes más.
Básicamente, así lo veo yo:
- No se tienen hijos para arreglar nada, ¿a quién se le ha ocurrido que, reduciendo tus horas de sueño, siendo cuidador y cuidadora todo el día, reduciendo tu tiempo libre al mínimo etc. etc. etc. vas a arreglar algo relacionado con la vida en pareja?
- No se tienen hijos para no quedarte solo o sola, los hijos no deben venir a este mundo a suplir ningún vacío que no le corresponde.
- No se tienen hijos porque todo el mundo lo hace, es la edad o es tradición. Los hijos no son una etapa por cumplir ni un trofeo que exhibir.
Los hijos se tienen única y exclusivamente porque tienes el deseo de tenerlos y una visión mínima de cómo querrías educarlos.
Yo no decidí ser madre soltera antes de ir tachando todo lo anterior de mi lista. Es decir, si hubiera estado en pareja y hubiéramos estado preparados y de acuerdo en dar el paso, así habría sido. Pero no era así y pasarlo por alto es una de esas cosas que no me hubiera perdonado, este es un no negociable en mi vida: no se pide ni se fuerza lo que no nace de forma natural porque es una pedazo de señal enorme de que no es por ahí.
¿Cómo se forjó mi decisión de seguir en solitario?

A base de renuncias. Lo primero a lo que renuncié fue a la idea tradicional de familia, aunque esto lo fui desmontando mucho antes de plantearme finalmente la maternidad en solitario. ¿Por qué? Porque a partir de mis vivencias y de lo que he observado en la sociedad en toda mi vida, me he ido dando cuenta que la familia no puede ser impuesta. Por eso reconocemos como familia a personas que, en modo tradicional, no lo son, por ejemplo, amigos o familia política por encima de un hermano, una madre, un tío, una abuela…
No solo acepté el divorcio de mis padres, lo deseé durante buena parte de mi infancia y adolescencia. Esto también es una renuncia, una a algo que parecía incuestionable para una niña, pero me lo cuestioné y me lo agradezco.
Así fui creciendo, fortaleciendo la idea de que la familia tradicional no es más que un constructo que no me representa si no se ha construido con el compromiso adecuado. Lo traduzco: yo ya nunca iba a buscar una pareja para comprarme una casa, casarme y tener hijos.
¿Entonces? ¿No le doy valor a la familia? Sí, le doy tanto valor que no cualquiera va a formar una conmigo. Me infunde tanto respeto ofrecer una familia a mis posibles hijos que no puedo aceptar a nadie por tradición, sino por su verdad, su lealtad y su compromiso.
Y poco a poco, quemando etapas en mi vida, fui asentando que la familia es una de esas cosas en la vida que no se mide por la cantidad, sino por la calidad. Fue entonces cuando casi de forma natural la vida me puso ante la pregunta, ¿serías madre soltera dadas tus circunstancias en este momento? No me quedaban demasiadas dudas, más bien muchas certezas.
«No vas a poder sola»

He elegido esta frase porque sin duda es la que más me han dicho antes de ser madre en solitario, pero quizá a ti te ha marcado otra. De cualquier forma, creo que este tema es otra de las renuncias importantes que tuve que hacer para seguir firme en mi camino.
Soy una persona bastante independiente ya de forma natural, sin embargo, hay momentos, sobre todo cuando te enfrentas a algo grande y nuevo en tu vida que te puede llegar a causar cierta duda o inseguridad.
Cada vez que alguien me decía “no vas a poder sola” yo tenía que repetirme que yo ya lo hacía todo sola desde hacía mucho tiempo. ¿Te imaginas decirle a alguien que no va a poder hacer algo sola y que te haga caso? Que pierda una oportunidad laboral, una experiencia vital o un sueño. Qué injusto, ¿no?
Esto me llevaba muchas veces a pensar qué pretendían diciéndome eso: ¿avisarme de algo? Pero claro, cuando avisas de algo es porque te preocupas por alguien y quieres evitarle algo y, a mí no me parecía que esas personas estuvieran preocupadas por mí. ¿Protegerme de algo? Pero ¿de qué? Si la mayoría ni siquiera habían sido madres solteras. ¿Querrían entonces cooperar con mi maternidad para que no lo hiciera todo sola? Pues la verdad es que ninguna de ellas se ofreció nunca explícitamente a ello.
Lo que yo creo es que en realidad es una frase hecha que mucha gente utiliza sin pensar en si se puede o no sola. Otro porcentaje de gente lo dice porque realmente consideran que ellas mismas o ellos mismos no podrían hacerlo. Y supongo que otro porcentaje de gente simplemente no te ve capaz.
Lo importante es que nadie está hablando de ti, sino de ellos mismos y su sistema de creencias o limitaciones. Este es el motivo principal por el que renuncié a incluir las dudas de los demás en mis decisiones sobre mi futura maternidad.
Te cuento un poquito de mi realidad actual

Soy mamá en solitario desde hace 10 meses, llegué hasta aquí sin saber si se podía o no. Y no solo estoy pudiendo, es que sé que fue la decisión correcta porque las demás opciones simplemente no estaban en coherencia con mi realidad vital.
No, no es fácil decidir cuándo tu hijo tiene que ir al médico y cuando no es necesario, ni es fácil decidir en qué guardería o colegio matricularle, no es nada fácil no tener a alguien con la misma carga de responsabilidad al lado con quien consultar o negociar todas las etapas de un bebé y su futuro.
Podría seguir con una lista infinita de cosas que no son fáciles cuando la maternidad es en solitario, pero ¿por qué buscamos que las cosas sean fáciles? Estás haciendo una tarea tan potencialmente compleja como convertir a un recién nacido en una persona capaz, en el sentido más amplio de la palabra, eso no puede ni debe serte fácil. Lo que ocurre es que la complejidad no tiene que ser sinónimo de algo negativo. Es una complejidad elegida, deseada y para la que estás capacitada a pesar de los días malos, a pesar de las etapas más difíciles.
Y, además, reflexionando con la actitud crítica que me caracteriza, si no tienes una pareja corresponsable para enfrentar esta etapa de la vida juntos, ¿de verdad crees que va a ser más fácil que estando sola? ¿de verdad crees que es justo para alguien que nacerá en ese seno? ¿de verdad crees que tu lucha de pareja es más importante que lo que vas a ofrecer a tu descendencia?
Ser madre soltera no me ha quitado nada, me está dando muchísimo. Soy una persona mucho más organizada, mucho más consciente, con una capacidad de decisión fortalecida, con una gestión emocional brutal y con la resiliencia por bandera.
Aún puede haber quien piense que es una opción de segundas, que, si tuviera una pareja, la opción de hacerlo sola no habría existido. Pero no hay un primer puesto y un segundo puesto en esta decisión, solo existe la opción que más se acerque a una familia sana y todas las opciones elegibles se miran de frente, no de forma jerárquica.
Para terminar, dado que es uno de los tópicos más absurdos que se repiten, me gustaría aclarar que ser madre soltera jamás va a hacer más complicado que encuentres el amor de pareja que mereces, si algún día es lo que quieres. Más bien, indirectamente la maternidad en solitario se convierte en un buen filtro de descarte para lo que no era amor real.
No se trata de poder sola. Se trata de elegir desde la verdad y sostener lo que eliges.

